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ISSN 1989-4163

NUMERO 95 - SEPTIEMBRE 2018

El Erotismo de las Matronas en la Sociedad Romana

Carmelo Arribas

La reglamentación sobre la vestimenta que cita Valerio Máximo (S. I a.C) y que le era permitida llevar a la matrona romana, responde al papel que se le reserva y desea que represente la mujer casada, incluso en espacios tan íntimos como es la sexualidad.

Para el romano la esposa tenía una función puramente reproductiva y no se admitía en la materfamilias un erotismo no reproductivo, que quedaba relegado a la homosexualidad masculina, a las prostitutas y a los niños, que podían convertirse en un objeto sexual, pero siempre destinado al placer masculino. Todo esto conllevaba que la indumentaria de la matrona debería de ser austera, y en modo alguno llamar la atención, por eso no podía   llevar joyas excesivas, marcar las curvas de su cuerpo e incluso, debía tapar su rostro con un velo.

Plutarco dice: "Por lo regular, las mujeres, al salir de sus hogares, se ponen el velo" Aquella que apareciera en público sin él cometía un acto de arrogancia. Y Valerio Máximo, llegaba a afirmar que muchos divorcios fueron causados por mujeres casadas que salían sin velo. (No dice el porqué, pero posiblemente sería por no querrían aceptar tal imposición) .

Séneca1 en el S.I, d.C. alaba este modelo de mujer2. El mal dominante, la desvergüenza, no te cuenta entre sus innumerables víctimas: ni las piedras preciosas, ni las perlas te han seducido, la riqueza no ha brillado en ti como el mayor bien de la humanidad; a ti educada dignamente en una casa digna y austera, no te ha desviado la imitación de los peores, peligrosa incluso para las gentes de bien.
Sin embargo, hay en estos comentarios una diferencia significativa respecto a la situación de la mujer griega, cuya una importancia social era nula, y su principal función, casi única, era reproducir biológicamente ciudadanos.

En Grecia los hombres eran los que se ocupaban de la educación de los jóvenes, en Roma la materfamilias, educa a los hijos y les transmite valores cívicos, este papel de educadora hace que ella misma deba tener una cultura y formación adecuadas para poderla trasmitir, e incluso aunque nunca tuvieron capacidad política, porque no eran miembros de la polis o de la civitas en sentido pleno, su influencia en el varón es grande, como lo demuestran los ejemplos de Cornelia, la madre de los Gracos; Vetruria y Volumnia, madre y esposa respectivamente de Coriolano; Hortensia3, hija de Quinto Hortensio Hortalo, uno de los grandes oradores romanos; Livia, esposa de Augusto y madre de Tiberio; y Antonia, madre de Claudio... por citar unas pocas de las más significativas, que tuvieron gran influencia en sus respectivos esposos o hijos.

Pero su situación y capacidad de obrar siempre es dependiente del varón, de la “manus” o poder del esposo, cuando está casada, y de la “potestas” del padre, si está soltera y si ambos faltan, dependerá de la tutela de su clan familiar. Aún así, su situación social es muy superior4 a la de la mujer griega. No está sólo bajo el mero sometimiento y dominio del varón sobre ella, la mujer romana participa juntamente con su marido de la vida social, entra y sale libremente de casa, aparece con él en las recepciones y banquetes, comparte su autoridad sobre hijos y sirvientes, le aconseja, asiste a los espectáculos públicos, e incluso, las mujeres casadas tienen sus propias fiestas.

Ciertamente no encontraremos a la mujer en una situación de ostentar el poder o en sus "cercanías", circunstancia propia de figuras míticas o Legendarias o en todo caso de mujeres lejanas o extranjeras (la reina Dido de Cartago o Cleopatra de Egipto); sean, no obstante, modelos de mujeres en la esfera del poder. Tanaquil, la esposa de Tarquinio Prisco, o Tulia la Menor, Hija de Servio Tulio, esposa de Arrunte Tarquinio o Lavinia, esposa de Eneas o, por último, Clelia, heroína de la leyenda romana, que encabeza la fuga de rehenes de manos del rey etrusco Porsena.

Pero ¿cuál es el sentido profundo que avala esta actitud? La consideración de la mujer como un ser inferior.

El pensamiento latino hunde sus raíces, y en cierto modo es el heredero, en la filosofía griega. Para el filósofo, la mujer no se rige por la razón, sino por las pasiones. Según Sócrates, la mujer debe su inferioridad a su propia naturaleza, aunque también a su falta de educación, y será el marido el que tenga obligación dársela. Sus discípulos Platón y Aristóteles, mostrarán en sus escritos ideas semejantes.

Al regirse la mujer sólo por el instinto, carece pues del equilibrio necesario para tomar decisiones adecuadas para la comunidad.
Los filósofos y escritores latinos, sintetizarán estas ideas en lo que denominan, "mulieris impotentia". Lo hará Séneca, y Plauto en el s. III a. C.  escribe llamando la atención de lo  que llama; "la doble moral sexual":

Syra: ¡Por Cástor¡, que dura es la ley en la que viven las mujeres y cuánto más rigurosa, míseras, que la del hombre, pues si un hombre se lía con una mujerzuela a escondidas de su esposa, si llega a enterarse, queda sin castigo; en cambio, si una mujer sale de casa sin que lo sepa su marido, ya tiene éste un motivo para plantear el divorcio. Ojalá fuera la misma la ley para la mujer que para el marido! Por lo tanto si la mujer que es buena, se contenta con un solo marido. qué menos que el hombre estuviera contento con una sola mujer? por Cástor, si se exigiese en los hombres el mismo trato cuando se lían con una mujerzuela, que a las mujeres que son halladas en falta,  habría más hombres sin mujer que ahora mujeres sin hombre.

Terencio, asimila el carácter de la mujer al caprichoso y cambiante de los niños. De la misma opinión se declara Virgilio,  " Varium et mutabile semper femina", " la mujer siempre es variable y mutable", y podría aportarse también a esta opinión la de Cátulo, que compara la fiabilidad y fortaleza de su carácter a "in vento et rapida scribere oportet aqua". "A lo escrito en el viento y el agua que corre rápida".

La disparidad de trato en las leyes puede verse en el discurso de Catón:

"El hombre que se divorcia es juez de la mujer, no censor, por lo que se ve tiene el poder, si la mujer ha hecho algo perverso y reprobable; sea multada, si bebe vino; si lo hizo con otro hombre honrado, sea condenada. Sobre el derecho a matarla así está escrito: "Si hubieras sorprendido a tu mujer en adulterio, puedes matarla impunemente sin juicio; pero ella a tí , si cometieras adulterio, o tú fueras llevado a adulterar, no se atreverá tocarte con un dedo, porque así es la ley 6."

Quizás Catón vertía en el Senado sus propias frustraciones, ya que, según parece ser, y por los datos que nos han llegado, tanto la mujer como la suegra del senador eran mujeres insufribles y sumamente dominantes. Catón intentó por todos los medios que no se derogara la restrictiva ley Oppia, algo que no consiguió. Y tras acabar su discurso afirmando que: si los maridos romanos hubiesen sabido mantener en sus propias casas su autoridad, no habría ocurrido que las mujeres pretendieran ser sus iguales, sabiéndose claramente, que en tal caso, en realidad lo que pretenden es ser quienes en verdad mandan. 

"Finalmente llegaremos a ver que todos los hombres del mundo que en sus casas gobiernan a sus mujeres, serán gobernados por los únicos que se dejan gobernar por ellas: los romanos.
Cuando acabó el discurso todos los senadores estallaron en risas, quizás porque conocían sobradamente su situación. Y tras ello, votaron abolir la Lex Oppia .

 


Roma

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